Buscar trabajo debería ser tan simple como recibir un correo.
Un sistema lee cada mañana más de cien portales de empleo, empresas, agencias y ofertas públicas, elige las ofertas que encajan con lo que una persona busca y se las manda por correo, ordenadas y explicadas. Sin cuentas, sin app. Solo correo.
Empieza con un correo a
Un nombre, qué trabajo se busca (con las palabras de cada cual) y el CV si se tiene, en PDF, Word o texto. La respuesta llega desde una dirección propia y pregunta lo que falte: dónde, qué modalidad, desde qué sueldo. Con un «sí», empieza.
Qué llega
De lunes a viernes, un correo con las ofertas del día que mejor encajan. Cada una lleva el sueldo (el publicado o una estimación, marcada como tal), el porqué de su posición, una idea de las posibilidades de entrevista y avisos si algo huele raro: oferta fantasma, agencia, sueldo por debajo de lo que se pide. Para las mejores, una carta de presentación y una preparación de la entrevista, hechas a partir del CV.
El correo es la interfaz. Nada que instalar ni donde entrar.
Después
Basta con contestar a esa dirección: estado para ver cómo va, pausa y activa, un CV nuevo, o preferencias: Málaga, remoto, 30k para cambiar lo que se busca.
Y al correo de ofertas también se contesta, con el número de cada una: no 3: tiene guardias, sí 2, me he inscrito en la 5. Lo que se descarta, y por qué, es lo que más enseña: si de ahí sale una regla («no considerar ofertas con guardias»), se propone y no se aplica hasta que llega un confirmo.